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Nos miramos a los ojos, los dos quedamos paralizados, el uno con el otro...qué bien se siente. Te acercas, de a poco te acercas y tus pupilas ahora se dirijen a mis labios, quienes rozan tu boca, y poco a poco nos fundimos en un beso apasionado. Lentamente vas acariciando mi espalda, yo perdiéndome en tus cabellos, ambos deseando más y más. Toco tus huesos, ay qué bien se siente. Tú te atreves a ir más allá, por debajo de mi ropa y el beso sigue. Ambos sabemos hacia dónde queremos llegar. Mi corazón late a la par del tuyo, cada vez más rápido, sintiendo cada roce, cada caricia. Tú vienes a mi, me miras desde encima, me pierdo otra vez en tus ojos y me sonríes: me desvanezco. Te sonrío a la vez que mis brazos abrazan tu cuello, decididos a entregarse. Y te fundes en mí, tal como el hielo al sol ambos nos derretimos. Sabemos todo el amor que hay, todo lo que se siente. Tus ojos brillan con pasión, los míos se transforman en un océano lleno de sentimientos y no te quiero dejar ir. Nos el...
Qué increible saber que ahí estás, que existís. Sin una persona tan inmensa presente en mi vida me costaría seguir. Creo nadie más podrá hacerme sentir todo lo que vos me causas, sos mi estrella, la que me guía... mi destino es con vos. Siento tanto amor dentro, te miro a los ojos y me quedo perdida, porque no hay nada más lindo que esas dos pupilas fijadas, saber que están ahí, saber que hoy te tengo, que tus ojos me brindan esa confianza... la que nadie más me puede brindar. Juro ser feliz a tu lado, cada vez que me rozas siento escalofríos, me siento nueva, de verdad siento amor. Es que es tan difícil describirte, porque cada parte de tu cuerpo es paraíso, cada vez que sonreís explotan mis sentidos, juro no poder creer cómo llegaste a marcar tanto en mi. Te amo hoy y siempre, te amo tal cual sos, te amo como nunca, te amo eternamente. Y hoy en día se me hace inevitable el cuidarte, el tener...

Tormenta

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¿Qué ocurre cuando, en medio del verano rompe una tormenta? Caos, revolución. Una tormenta que venía formándose y finalmente explotó. Nadie puede creerlo, es decir, era imposible: el verano en sí carece de semejante tormenta. Muchas veces creemos que todo está más que bien, nos cegamos a nuestros propios errores y los seguimos cometiendo una y otra vez. Vamos juntando nube por nube y sin darnos cuenta formamos tormenta. Una de esas que electrocutan, esas que con sus truenos asustan, con sus vientos enferman, con sus rayos matan. Y luego nos arrepentimos, queremos que nuestra tormenta pase, que de una vez salga el sol: pero eso no ocurre. Porque la tormenta sigue allí, y no queda otra opción que afrontarla. Entonces tomamos todas nuestras herramientas e intentamos: un paraguas, unas botas de lluvia, guantes... cualquier cosa que pueda ayudarnos. Y nos atrevemos. En ese momento todo es gris: el paraguas está roto, las botas tienen agujeros y nuestro autoestima roza el suelo. Nos sentim...
Es una tarde fría a fines de invierno, yo, aquí, sentada frente a la mesa, no puedo soportar el peso de tanto pensar. Es que, indudablemente, siento un vacío, una parte de mí está incierta, no logro entender qué pasó. Mi cabeza da vueltas y vueltas, y mientras miro por la ventana añoro tus abrazos.  Es que nunca experimenté la sensación de abandono, nunca creí padecerla... se siente tan, no sé cuál sería la palabra... profundo, quizás. No puedo desahogar esta culpa que tanto me pesa, siento no poderla quitar de mi. Por más que lo intente, caminar me cuesta. Y ni hablar de sonreír. Es que sé que en tu corazón estoy, sé que marqué tu piel, y no podría huir por más que quiera. De verdad duele, quizás crees que no, pero sentirte tan lejos mío y tan cerca de otras personas, me está volviendo loca.  No quiero pensar más, no logro encontrar el botón de apagar mi mente por unos segundos y tomar un respiro... Es que, yo ya sé que hacer, yo sé que mi futuro es con vos, sé que estamos...
Como el fumador que dejó de fumar, como el alcohólico que dejó de tomar, como el drogadicto que dejó de consumir, como el enfermo que salió adelante, como el obeso que logró bajar de peso, como el paralítico que triunfó en juegos olímpicos, como quien empezó siendo pobre y terminó siendo rico... Creo que la predisposición es el primer paso al éxito y no debemos desalentarnos ni bajar los brazos. Recordemos que, toda esa gente creía estar perdida, caía una y otra vez en ese problema que tanto detestaba, y con ayuda propia y ajena pudo salir adelante. Todos podemos cambiar, todos podemos construir algo mejor: sólo hay que poseer convicción y demostrar esfuerzo. Oídos sordos a comentarios destructivos, a críticas desfavorables, a desalientos. A mirar para adelante y a ser conscientes que mientras haya vida, habrá posibilidades. Y mientras éstas existan, hay que aprovecharlas.

Epílogo de tu ser

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Pare. Podríamos estar hablando de una señal de tránsito cuando, en verdad, son tus ojos quien me incitan a parar. Pero no a parar de una forma paralizada, inmóvil, sino a frenar todo tipo de duda e incertidumbre, y a perderme... perderme lejos, lejanamente en tus ojos, al mirarlos fijo, al comprender que somos sólo vos y yo, encerrados en una habitación de sueños y proyectos, inundados de vértigo por el abismo del amor. Me pierdo, de veras me pierdo también en tu sonrisa, llego a combatir lo increíble de tus pestañas, quienes suelen moverse a velocidades increíbles mientras me besas. Y qué bien me besas, mis labios rozando tus labios, al compás de mis manos sosteniendo tus mejillas, tus pulgares sobre mi espalda, o quizás recorriendo mi cabello. Y al rozarte, al rozar tu espalda comienzo a tiritar, y si tu piel acaricio es ella inconscientemente quien me incita a seguir. Tan suave, tan profunda, me vuela la sien. Y quien hubiese podido creer que iban a ser tus huesos, los que me podr...
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Son esos ojos, los cuales despiertan en mí nuevos horizontes. Los dos tan achinados, a la par de tu sonrisa, como dos rayas nadando en el océano profundo. Y tu risita, radiante, no podría faltar. En mis días la suelo necesitar, me invita a ser feliz. Son esas cejas levantadas mirándome fijo, esperando una reacción, una respuesta. Son esos gestos irremediables, de los cuales no puedo salir, me hundo en lo que sería una señal de placer y me siento completa. Es que, la intensidad de tu mirada me deja perpleja, no puedo evitar sonreír cuando tu boca lo hace. Tus besos despiertan en mí todo tipo de sentido, y es ahí cuando nunca podría dejarte. Un abrazo tuyo es, la puerta al paraíso. Y tu piel... ¡Ay, tu piel! Mi alma no puede evitar tocarla, porque es allí donde se paraliza, se suaviza, se renace y comienza a tiritar.