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Mostrando entradas de noviembre, 2014
Me devastaste. Yo, rendida a tus pies intenté no seguir haciéndome mal. No quería correr atrás tuyo. Me lastimaba, me sentía menos. Pediste separarnos, y acepté tu decisión: mis fuerzas para correr detrás tuyo ya no existían. Mencionaste sentirte mal, no poder lidiar con tu rencor hacia mí, no poder dejar de hacerme mal. Por ese motivo decidiste dejarme. Juraste volver, dijiste que no amarías otra vez a alguien como lo hiciste conmigo, y que el destino nos volvería a juntar. Yo, perdida, seguí tus palabras y en ese momento acepté tu decisión, que era mitad mía. Hoy, de verdad, no sé que hacer. Si salir a buscarte, si seguirte esperando, pero en verdad no la paso bien. Duermo y despierto pensándote, vivo cada momento pendiente de vos, no me hace bien. Ni siquiera sé si quiero olvidarte, si es la costumbre que te extraña o si de verdad es mi corazón.  Veo cosas que no quiero ver, tengo pensamientos que no quiero tener, todo por tu repentina decisión. ¿Volverás, otra vez? Sinc...
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Desorientación. Este fenómeno extraño me invade, no sé verdaderamente cómo salir. Me siento atormentada, casi como estancada en mi misma. ¿De verdad podré salir? Mis esperanzas son escasas y poco a poco se desvanecen.  Me alejé, te alejaste, ya no somos dos personas formando una sola. ¿De verdad lo queríamos? No concibo, todavía, cómo todo esto me puede hacer sentir tan mal. Tan desorientada, es eso. Tengo tantas incertidumbres acerca del futuro, de nuestro futuro, si es que todavía se puede llamar así... No sé si seguiremos, algún día, juntos. Y me atormenta pensarlo en verdad, no quiero salir de vos, quien ponía mis pies sobre la tierra ya no está. Y simplemente floto, sin ninguna dirección.