Escribo. Escribo cuando los pensamientos se quedan atorados, cuando la mente ya no puede auto-responderse, ni auto-manejarse, sólo escribo. En una especie de estado automático, comienzo a mover mis dedos sobre el teclado, sin saber para dónde me voy a dirigir. O capaz se lo dejo al sentir. O capaz a lo que me va pasando por la mente, eso que ya no se qué es, eso que pierdo, que lo cegué. Escribo por lo general en la noche, cuando las esperanzas son bajas y los sonidos también. Prefiero escribir en penumbra porque puedo focalizar mis miedos de una mejor manera y mis egos vagan por fuera. Mi risa ya no es externa, la brisa ya no me peina, el cielo está muy oscuro, escribo a fuego y mientras me curo. Si, me curo. Porque escribiendo me encuentro. Porque sé dónde estoy y a dónde voy, y por más de que me enrede en una escalera caracol y voy directo hacia arriba, o a veces hacia abajo, o a veces en ambos sentidos. Y por más de que mi mente piense de una manera quizás al segundo saco una co...
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