Habiendo tantas opciones, te elegí. Aposté mis fichas en vos, en nosotros, en una relación que podía llegar lejos. Había esperado tanto tiempo antes, había sufrido y enfrentado situaciones difíciles, hasta que te encontré. Pensé que eras vos, te idealicé. Y creo que demasiado. Tanto que, cuando te veía sentía que no eras vos, dejabas de ser esa persona que tan loca me volvía.
Será que en mi imaginación te formé diferente, o mejor dicho te creí diferente. Y hasta tal punto que, al verte todo era tan confuso. No entendí nunca qué fue lo que me hizo permanecer.
Quizá quería conocerte un poco más, quizá quería ese algo que hacía mucho no tenía... Pero me equivoqué. Una vez más, elegí mal. Perdí la apuesta, y en verdad me desilusioné. Al no haber sentimientos, no fue tristeza lo que habitó en mi. Pero si lástima, pena. Creía que podía ser mejor, creía que el nivel de conocerte iba a llegar alto. Sin embargo no todo es como uno cree. Y claro, indefectiblemente, no todo podía ser perfecto.
Será que en mi imaginación te formé diferente, o mejor dicho te creí diferente. Y hasta tal punto que, al verte todo era tan confuso. No entendí nunca qué fue lo que me hizo permanecer.
Quizá quería conocerte un poco más, quizá quería ese algo que hacía mucho no tenía... Pero me equivoqué. Una vez más, elegí mal. Perdí la apuesta, y en verdad me desilusioné. Al no haber sentimientos, no fue tristeza lo que habitó en mi. Pero si lástima, pena. Creía que podía ser mejor, creía que el nivel de conocerte iba a llegar alto. Sin embargo no todo es como uno cree. Y claro, indefectiblemente, no todo podía ser perfecto.