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cuando. cuando la tristeza hace a las mejores lineas. cuando el sufrimiento y el paso entre el saber y no el saber que sentir ni que decir es tan profundo. cuando sabes que si no sos vos quien te cuida nadie lo hace. a menos que alguien quiera. y asi seguis. buscando ese ser que mas alla de importarle si mismo le importes vos. como si fuera facil, cuando vos misma sabes como sos. pero el abismo y la tristeza superan todo aquello que pueda hacerte sentir bien. no querés controversias ni cambios de motivo. el no preocuparse no tiene un motivo. ni una excusa. ni una justificación. si vos querés, amas, amas con todo. no solo con una pizca, dando aquello que el otro espera recibir. sino amar, amar a tu manera, de forma contundente, que retumbe, que hasta el alrededor lo sienta. ni un minuto mas me quiero sentir desquerida. ni dos segundos mas a sentirme descuidada. porque eso arruina. el alma. el corazón y hasta la expresión que dia a dia te acompaña por la calle. se nota. la gente lo no...

Uno

El estudio estaba frío... eran pasadas las diez de la noche. Ella se sentó en su sofá, tomó un sorbo de café y suspiró. No podía creer que el teléfono todavía no sonaba. Y es que no iba a hacerlo, pensaba, si ya era demasiado tarde, si quizás no se atrevía a hacerlo... Se consuela. Mirando hacia la ventana, la luna brilla en su inminente soledad. Intenta distraerse. Al rato, abre su cuadernillo y lee las anotaciones del día anterior. Casos y casos que no dejaban de agotarla. La tensión y la desesperación por resolver problemas ajenos se estaban apoderando de ella. Somnolienta, se levantó hacia su dormitorio. Prendió su velador y agarró el primer libro que encontró para luego tener compañía al acostarse.  Llegadas las once, decide no esperar más y conciliar el sueño, pues la semana y sus meras obligaciones iban a tocar su puerta al día siguiente.  La mañana era lluviosa. Marga abrió lentamente sus ojos y pudo divisar un leve rayo de sol proveniente de la ventana. Bostez...

Dichos del alma

En un instante supe que no necesitaba nada más. Que quizás andaba hurgando en una superficie inútil, en donde no iba a encontrar absolutamente nada favorable.  A veces me sucede, que me empecino en las situaciones,actos o pensamientos que en el fondo sé que me hacen mal. Algo así como si me dejara controlar por alguien más,que soy pero a la vez no soy yo. Dejo que mi inconsciente impulsivo decida por mi, cuando es en realidad mi noción la que me debería estar guiando en este momento (y casi siempre)... Mi cabeza es un nudo. Pero no un nudo de esos fáciles de desatar. Tengo uno y mil pensamientos que se entrecruzan y al fin y al cabo no se llega a nada. Es por eso que suelo precipitarme tan seguido, suelo sacarme de quicio... y tengo poca paciencia. ¿Qué me sucede? Si en el fondo yo sé qué es lo que quiero para mis días, para mi vida. Quiero ser feliz, debo librarme absolutamente de todos esos pensamientos superficiales y poco necesarios. Soy también consciente de que t...
No quiero saber de tiempos. Ni de horarios. Sólo quiero tranquilidad. En un paisaje tranquilo, azul, de tarde... en donde pueda sentir paz.  Siento que me falta, que no la tengo, que no puedo alcanzarla. Y sé que no hay culpables, eso lo tengo bien en claro, hay algo dentro de mi que no funciona bien. Quiero encontrar esa salida. Sé que depende de mi. De nadie más. Pero estoy cegada, negada, atosigada.  Es una fuerza interior la que necesito, la fuerza de voluntad, en donde pueda controlarme y así no dejarme llevar. No quiero alejar a quienes quiero por más que parezca. No es eso lo que busco sino el sacar los rencores que de verdad tengo y poder cambiar. Cambiar para mejor, para dejar de lamentarme por lo que me pasó, y empezar a pensar en lo que se viene. Que a la vez sé que son cosas hermosas.  Que a la vez sé que encontré esa persona. Que sé también que no quiero desperdiciarla. Por más que parezca que intento alejarla. Tengo esa costumbre de aniquilar lo que...
Y despertaré. Quizás a la una, a las diez tal vez. Pero con vos en mi cabeza, con tu esencia en mi ser. Despertaré junto a tu piel radiante que brilla amanecer. Y en la mañana pienso que sin tanto luzco, que con poco entiendo. Que en tus ojos yo me encomiendo. Que la raíz de tu tez no entiende de apuros. Que el resonar de tu alma sabe qué clase de amor te juro. No quiero tiempos ligeros, ni amor malgastado. Tus manos quiero sobre mi cabello despeinado. Tus besos miel, mi flaqueza cruel. En tu pecho suave voy a desvanecer.
ése lugar. tan bonito, tan único, tan incondicional que me das. el lugar que nunca jamás me dió alguien más. el lugar que siempre voy a cuidar sin poder desperdiciar. ésos ojos. tan color café que sigo diciendo me vuelven loca. tan dulces como el sabor de tu boca. orgullosa de saber que a mí me tocan. nunca pensé que iba a conseguir el lugar que tengo hoy,en el corazón de otra persona. siempre fue un lugar que quise, obviamente, porque es tan brillante que no puedo evitar sonreír. el saber que poseo un corazón gigante en mis manos me llena de alegría, el poder cuidarlo, aunque a veces con mi torpeza estropearlo.  siempre, siempre quiero conseguir estar a tu lado. nunca lejos, porque es en tus brazos que me siento protegida como nunca antes me sentí. se que siempre va a haber un mañana, sin importar si hay alguna disparidad. vos siempre harás lo imposible para que yo esté bien, como yo siempre lo hago por vos.  orgullosa es poco de tener día a día eso...

El saciable hecho de una infeliz inmortalidad.

Recorría calles vacías. Ya no sabía en dónde se encontraba, era tal el desconcierto que ni una intuición podía guiarla. Ella, siempre tan insegura, entrelazaba sus dedos en las raíces de su cabello, a modo de desesperación. No encontraba nada que la dirigiera, ni nadie que le sugiriera hacia dónde orientarse. Era el viento, que la mantenía loca, y no loca nerviosa, sino loca desesperada, intentando refugiarse en un mundo vacío. Si, vacío porque ella ya no creía en nada, ni en nadie... se sentía vacía. En semejante situación desesperó. Intentó correr pero ahora eran sus piernas quienes la detenían. No podía creerlo, que su propio cuerpo la limitara, tal como si sus sentimientos no concordaran con las órdenes enviadas por su cerebro. Ya desconcertada, miró al cielo: el ocaso caía sobre la tarde helada. Sin poder soportarlo, suspiró. Ya no encontraba salida, su cabello comenzaba a deteriorarse, el viento la despeinaba, ella se largó a llorar. Era su llanto, que desarmaba. Tanta congoja...