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Como corriendo en bajada. Así me sentía, cada vez más empujada, más guiada por la pendiente que por mi propio cuerpo. Decidía en base a la peligrosidad con la que podía llegar a lidiar después. Me sentía abatida, algo así como invadida por alguien más que en este caso era la tierra, intentando excluirme, reclutarme, ocultarme bajo la gran montaña que estaba intentando escalar.  Yo quería ser grande, en verdad quería crecer, llegar a la cima, progresar. Pero había algo (o alguien) que constantemente intentaba impedirlo. No sé por que motivo, quizás por discrepancias, diferencias, ¿o egoísmo? El problema era que, yo intentaba escalar y la montaña me quitaba el aliento. Yo tanto daba por esa montaña, por llegar lejos en ella, pero era imposible. El problema me excedía, yo no podía hacer nada, no podía hacer que la montaña cambie, sea otra, tenga menos pendiente. Y, aunque sabía que eso era imposible, lo intentaba... qué ilusa. Hoy puedo llegar a comprender que, habiendo miles de mi...
Tu mirada color café oscuro. Desperté. Quise desperezar cuando giré y te vi allí, recostado al lado mío. Nada más bello que verte sonreír en medio de una mañana cálida. El sol resplandecía en tus ojos y el reflejo de ellos yacía sobre mi cuerpo. Qué hermosa sensación. Pequeña mañana, te besé y comencé el día sonriendo. Tú provocas eso, solo tú enloqueces mi cuerpo. Tiritar, me haces temblar y caigo en tu encanto. ¡Qué increíble eres! Tu piel me completa, tu mirada de bondad me incita a seguir tu camino, a adorarte, a amarte cada día más. 
Y después, sonrió. Ya nada parecía tan oscuro como lo creía ver, comprendió que debía asumir aquellas espinas y quizás hasta tomarlas de ejemplo para transformarlas. Intentó mirar para atrás con una sonrisa, entendió que todos los errores podían ser modificados, que cada tropiezo hoy le dejó una enseñanza. Comenzó a ver que creció y maduró gracias a aquellos momentos de sufrimiento, porque al fin y al cabo se madura con los daños y no con los años. Miró, luego, hacia adelante y divisó un camino repleto de sonrisas, y quizá también de llantos. Pero supo entender que es parte de la vida, ese extraño círculo vicioso en el que sufrimos y nos alegramos, esa reciprocidad entre lo bueno y lo malo, ese entender que se necesita sufrir para estar bien, llorar para mejorar, golpearse para levantarse.  Y una vez que creyó entender la vida, ya no le pesaban aquellos rencores, ya no miraba hacia atrás lamentándose, ya no quería volver al pasado... sino que, se abstuvo a mantener...

Encontrarme

Me hallé muy lejos de aquí. Fue casi como haber emprendido un viaje lejos de mi, centrándome en todo lo que quizás no me interesaba y cayendo por los dotes del amor. ¿Dónde quedé? ¿Todavía estoy? Sí, algo queda de mi esencia, algo muy profundo en mi alma, que todavía es digno de guiarme. Mis aficiones, mis gustos, mis apegos... no se han ido. Debo reencontrarlos... ¿o quizás reencontrarme? Sí, quizás sea eso, por no poder compartir mis metas, mis ilusiones, guardé en un cajón mis sueños y de veras me equivoqué. Volveré, juro que volveré a lo profundo de mi, me encontraré, jugaré con mis aficiones y seré feliz conmigo. Porque no hay mayor felicidad que la propia
Me devastaste. Yo, rendida a tus pies intenté no seguir haciéndome mal. No quería correr atrás tuyo. Me lastimaba, me sentía menos. Pediste separarnos, y acepté tu decisión: mis fuerzas para correr detrás tuyo ya no existían. Mencionaste sentirte mal, no poder lidiar con tu rencor hacia mí, no poder dejar de hacerme mal. Por ese motivo decidiste dejarme. Juraste volver, dijiste que no amarías otra vez a alguien como lo hiciste conmigo, y que el destino nos volvería a juntar. Yo, perdida, seguí tus palabras y en ese momento acepté tu decisión, que era mitad mía. Hoy, de verdad, no sé que hacer. Si salir a buscarte, si seguirte esperando, pero en verdad no la paso bien. Duermo y despierto pensándote, vivo cada momento pendiente de vos, no me hace bien. Ni siquiera sé si quiero olvidarte, si es la costumbre que te extraña o si de verdad es mi corazón.  Veo cosas que no quiero ver, tengo pensamientos que no quiero tener, todo por tu repentina decisión. ¿Volverás, otra vez? Sinc...
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Desorientación. Este fenómeno extraño me invade, no sé verdaderamente cómo salir. Me siento atormentada, casi como estancada en mi misma. ¿De verdad podré salir? Mis esperanzas son escasas y poco a poco se desvanecen.  Me alejé, te alejaste, ya no somos dos personas formando una sola. ¿De verdad lo queríamos? No concibo, todavía, cómo todo esto me puede hacer sentir tan mal. Tan desorientada, es eso. Tengo tantas incertidumbres acerca del futuro, de nuestro futuro, si es que todavía se puede llamar así... No sé si seguiremos, algún día, juntos. Y me atormenta pensarlo en verdad, no quiero salir de vos, quien ponía mis pies sobre la tierra ya no está. Y simplemente floto, sin ninguna dirección.
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Nos miramos a los ojos, los dos quedamos paralizados, el uno con el otro...qué bien se siente. Te acercas, de a poco te acercas y tus pupilas ahora se dirijen a mis labios, quienes rozan tu boca, y poco a poco nos fundimos en un beso apasionado. Lentamente vas acariciando mi espalda, yo perdiéndome en tus cabellos, ambos deseando más y más. Toco tus huesos, ay qué bien se siente. Tú te atreves a ir más allá, por debajo de mi ropa y el beso sigue. Ambos sabemos hacia dónde queremos llegar. Mi corazón late a la par del tuyo, cada vez más rápido, sintiendo cada roce, cada caricia. Tú vienes a mi, me miras desde encima, me pierdo otra vez en tus ojos y me sonríes: me desvanezco. Te sonrío a la vez que mis brazos abrazan tu cuello, decididos a entregarse. Y te fundes en mí, tal como el hielo al sol ambos nos derretimos. Sabemos todo el amor que hay, todo lo que se siente. Tus ojos brillan con pasión, los míos se transforman en un océano lleno de sentimientos y no te quiero dejar ir. Nos el...