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Epílogo de tu ser

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Pare. Podríamos estar hablando de una señal de tránsito cuando, en verdad, son tus ojos quien me incitan a parar. Pero no a parar de una forma paralizada, inmóvil, sino a frenar todo tipo de duda e incertidumbre, y a perderme... perderme lejos, lejanamente en tus ojos, al mirarlos fijo, al comprender que somos sólo vos y yo, encerrados en una habitación de sueños y proyectos, inundados de vértigo por el abismo del amor. Me pierdo, de veras me pierdo también en tu sonrisa, llego a combatir lo increíble de tus pestañas, quienes suelen moverse a velocidades increíbles mientras me besas. Y qué bien me besas, mis labios rozando tus labios, al compás de mis manos sosteniendo tus mejillas, tus pulgares sobre mi espalda, o quizás recorriendo mi cabello. Y al rozarte, al rozar tu espalda comienzo a tiritar, y si tu piel acaricio es ella inconscientemente quien me incita a seguir. Tan suave, tan profunda, me vuela la sien. Y quien hubiese podido creer que iban a ser tus huesos, los que me podr...
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Son esos ojos, los cuales despiertan en mí nuevos horizontes. Los dos tan achinados, a la par de tu sonrisa, como dos rayas nadando en el océano profundo. Y tu risita, radiante, no podría faltar. En mis días la suelo necesitar, me invita a ser feliz. Son esas cejas levantadas mirándome fijo, esperando una reacción, una respuesta. Son esos gestos irremediables, de los cuales no puedo salir, me hundo en lo que sería una señal de placer y me siento completa. Es que, la intensidad de tu mirada me deja perpleja, no puedo evitar sonreír cuando tu boca lo hace. Tus besos despiertan en mí todo tipo de sentido, y es ahí cuando nunca podría dejarte. Un abrazo tuyo es, la puerta al paraíso. Y tu piel... ¡Ay, tu piel! Mi alma no puede evitar tocarla, porque es allí donde se paraliza, se suaviza, se renace y comienza a tiritar.
Es una tarde fría, afuera llueve. Mi cabello desparramado por tus sábanas, tus pupilas orbitando alrededor de mis ojos, no puedo pedir más. Tu sonrisa despliega hermosura y una lágrima lenta y amorosa dejas caer. Nos inundamos en una tormenta sombría, uno al lado del otro, abrazados. Nada ni nadie podría irrumpir con este momento. Invadiendo el aire está, ese amor que tanto añorábamos. Hacía siglos no sentía aquello, no me sentía tan atontada con un simple gesto. 
" Porque gracias a vos he descubierto (dirás que ya era hora y con razón) que el amor es una bahía linda y generosa que se ilumina y se oscurece según venga la vida una bahía donde los barcos llegan y se van llegan con pájaros y augurios y se van con sirenas y nubarrones una bahía linda y generosa donde los barcos llegan y se van pero vos por favor no te vayas." - Mario Benedetti 
Me está costando tanto escribir, en esta fría noche, abril número 28 de dos mil catorce, en la que son más desconciertos que certezas, más confusiones que puertas abiertas. Es que mi mente está ya nublada, ya nada quiere entender ni seguir razonando.  Pasa que, eso que esta allí, en el inconsciente... se asoma cada tanto en mi conciencia y me está liquidando la sien. Ya no puedo recitar las palabras, no puedo recordar ni imaginar lo ocurrido porque mi mente comienza poco a poco a dejar de funcionar. Quedo en estado de shock, ahora no quiero hablar, ni escuchar, ni sentir. Quizás solo ver... La realidad con mis propios ojos.  Mirar, fijamente... el horizonte, el infinito: siempre tan lleno de sorpresas. Al final, todo queda limpio sobre una verdad. Ya no quiero cegarme a nada, y aquí llegamos con mi gran preocupación: el amor. Creo que el amor te ciega, te deja estancada en el medio del desierto sin saber qué dirección tomar, todo lo que ves es a la otra persona y desparramá...
Me hundí en tus ojos. Fui cayendo en torno a tus mejillas, besé tus labios y allí me quedé. Débil, temblando, casi inconsciente. Me dejé sentir, me dejé ir... me perdí en cada sonrisa, en cada beso. Rocé tu cuerpo y sentí cómo mis sentimientos palpitaban cada vez más y más. Juro echarme cualquier noche a dormir, y añorar tu cuerpo detrás del mío, abrazándome, diciéndome cosas al oído. Me demostraste qué es sentir paz y por qué, me hiciste creer en lo que nunca había creído: un universo paralelo para dos. Increíblemente me condujiste a través de un mundo de aprendizajes, a tu lado supe entender qué es en verdad valorable, tu sonrisa me supo guiar cuando mi camino era oscuro, cuando mis esperanzas eran escasas y mis sueños ya habían expirado. No podría imaginarme apartada, no podría concebir el hecho de despedirte en la estación y dejarte a recuerdo, como si todo esto podría finalizar, como si todo sólo podría llegar a ser parte de la memoria. Imposible, marcaste un espacio en mi vida...
Hoy, pequeña no todo es color gris Son tus viejos recuerdos quienes no dejan ser feliz Tú sabes bien bien me has dicho que un día feo siempre se vuelve lindo Porque todo lo malo puede luego ser bueno porque todo lo bueno puede hacerte mejor  Por algo sabés sonreír por algo todavía tenes amor sabés que es difícil pero vamos ya, quita el dolor Todo puede brillar sólo depende de ti mi pequeña niña aprende a ser feliz Todo puede brillar sólo depende de ti mi pequeño sol ya eres feliz