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Cansada de buscar en el vacío, todo lo que quiero o necesito está lejos. Pienso por qué, me consuelo diciéndome que todo pasa por algo, que algo mejor vendrá. Pero ese "algo mejor" nunca llega, por más que busque o no lo haga, por más que espere o sea impaciente. Llego a pensar que es irreal, que lo que busco nunca llegará. Y que capaz que cuando lo tuve, no lo supe valorar. Veo que los demás lo tienen y yo no logro conseguirlo otra vez. ¿Tan poco merecido lo tengo? ¿Qué hice para que sea así? Llego a pensar que tengo un imán a las desilusiones, a las promesas incumplidas, a los besos  adictivos. Agonizo fríamente en silencio, con una mínima esperanza de que algún día me llegue a mí. Y que funcione, que realmente lo haga. Cansada de amores de segundos, palabras sin vida, acciones ilusas. Harta de soñar con besos suculentos, amores duraderos. Buscando una realidad, no un sueño de domingo. Comenzar a vivir diferente, alcanzarlo. Sólo eso pido.
"No te rindas. Por favor, no cedas. Aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños. Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo, porque cada día es un comienzo nuevo, porque esta es la hora y el mejor momento." Mario Benedetti
Y ahí estaban. Tus ojos penetrados en los suyos, tal como solían estarlo en los míos. Pude percibirlos, comprendí tu sentimiento hacia ella. Poco a poco te sentía más lejos, menos mío, más de ella. Comencé lentamente a añorar tus besos. Lágrimas caían y tú te veías tan feliz. Quería hablarte, pero era inútil. Te alejabas, no querías...  No tenía ni un poco de sentido. Sentí alivio al pensar que nadie puede reemplazar mi lugar, pero volví a caer cuando desperté en la realidad. Fue hace mucho cuando te dejé ir. Nunca supe por qué lo hice, es que me hacías tan feliz. No supe valorarte, no supe quererte como te lo merecías. Hoy te extraño y quiero tapar todos los errores que cometí. Juro que puedo cambiar, juro que estoy dispuesta. Pero te veo tan lejos ya,  Pensar que antes eran nuestras narices quienes no querían despegarse.
La vida es como una secuela de subidas y bajadas. Hay tramos constantes, pero son muy breves.  Al subir , sentimos esa adrenalina y nos esforzamos, creemos que caemos pero seguimos adelante, cuesta, duele y hasta a veces cansa y rutina, pero al llegar a la cima es todo tan maravilloso. Y así bajamos , libres, deslizándonos poco a poco, sintiendo el aire correr por nuestros cabellos. Todo se siente tan fresco, tan relajante y bello que no quieres irte. No quieres que esta bajada termine. Quieres seguir, y seguir... Nunca parar. Pero ninguna bajada es eterna. Luego viene ese diminuto tramo constante para luego encabezar una subida, la cual no esperábamos ni queríamos enfrentar. Pero tengamos presente que después de cada subida viene una bajada. Después de cada esfuerzo vienen miles de éxitos. Después de cada dolor viene el placer.  Es así, no se puede estar viviendo de bajadas, sin antes haber subido reiteradas veces.
Muchas veces he querido cambiar. Cambiar mi vida, mis relativos, mis alrededores. Cambiar yo y así poder, de alguna forma, cambiar todo. No me siento conforme, cada día son horas llenas de emociones diferentes, siento perder el control. Por momentos llega a mi la impotencia y francamente no me puedo controlar. Quiero, pero no puedo. Intento, pero fallo.  Quiero salir de este agujero. Crecer. Madurar, si se puede decir así. Poder entender y ser entendida. Poder aprender y que aprendan de mi. Querer y ser querida. Quiero paz, tranquilidad, no me quiero preocupar más. Llegar y ver nada más que armonía. Vivir en paz y crear amor. Eliminar los llantos, la oscuridad, los golpes. O simplemente, reducirlos. Quiero e intento, pero caigo una y otra vez. Sólo espero seguir intentándolo, sin ningún freno. 
Quiero correr muy lejos de aquí. A un lugar donde no me hablen de ti  Donde los recuerdos únicamente brillen, donde las palabras solamente vibren. Un lugar donde nada me haga recordarte. Un lugar libre de preocupaciones, sin nubes ni nieblas. Quiero perderte. Y jamás encontrarte.  Ya basta, me haces mal. Quiero liberarte, no más.
Son las gotas, que envuelven este silencioso vacío celestial.   Es el viento, quien despierta sextos sentidos en cada cuerpo vivo.   Son las nubes, es la noche... los que permiten encontrarme sigilosamente.   Son los segundos, los que corren al compás del sonido de esta maravillosa lluvia.   Es el frío quien refresca mis alrededores y me hace sentir... tan bien.   Desde mi ventana puedo admirar increíbles vistas, reflexionar y abrir caminos en mi mente. No estaré en Amsterdam, pero realmente siento como si lo estuviera. La paz, la tranquilidad verdaderamente se puede percibir.  Ya casi son las 6, y los minutos corren a la velocidad de una liebre fiel a sus distancias. Por primera vez siento paz en mí. Me siento bien, realmente liberada. Ni un sonido, excepto el de los postigos chocando contra los marcos a causa del viento. Pero nada parece estorbarme, la lluvia me envuelve en armonía. Recibo finalmente un nuevo amane...