Esos momentos en los cuales la ira nos envuelve y no nos deja salir. El entusiasmo cada vez aumenta más y más, y todo se vuelve un paraíso. Te aferraste a algo que podía llegar a ser pasajero y, por el momento sos feliz. Todo parece brillar y ser increíble.
Pero si nos basamos en la razón de la vida, nada puede ser perfecto. Esta situación es irrumpida por la llegada del mal. Los defectos, las imperfecciones finalmente se dan a luz. Y todo lo que parecía una fantasía, se convierte en desilusión. Ya no querés saber nada al respecto, e intentas olvidar... lo cual se torna casi imposible. Éste es el momento en el cual aparece el sufrimiento.

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